La importancia del autocuidado emocional
Vivimos en una sociedad obsesionada con el cuidado del cuerpo a nivel físico, de belleza, alimentario… pero ¿dónde queda el cuidado de la mente y de la parte emocional?
Incluso me atrevo a decir, ¿dónde queda el cuidado del cuerpo a nivel emocional?
Esta reflexión me viene a la mente a menudo, porque observo atónita lo poco conscientes que son algunas personas de sus necesidades emocionales, y las consecuencias que ello tiene para su salud en general.
Con esto no pretendo restar importancia a los cuidados puramente físicos y corporales, soy firme defensora del autocuidado, y de hecho, éstos influyen directamente sobre la salud mental y son imprescindibles. Pero precisamente por eso os pregunto ¿y las emociones qué? ¿acaso no se manifiestan fisiológicamente como el hambre o la fatiga?
Es importante que ampliemos nuestra concepción del autocuidado, e incluyamos la atención emocional como una parte imprescindible del mismo, dado que somos un todo conectado, y por ello debemos atendernos al completo, en la medida de lo posible, y no únicamente por partes.
“La mente no domina al cuerpo, sino que se convierte en cuerpo. Cuerpo y mente son una sola cosa”. (Candace Pert)
Concepto de emoción
Si tienes interés en empezar a mejorar tu autocuidado emocional, el primer paso es saber en qué consiste una emoción.
“Las emociones son reacciones psicofisiológicas de las personas ante determinadas situaciones relevantes desde un punto de vista adaptativo, tales como aquellas que implican daño, amenaza, peligro, perdida éxito o novedad, etc. Estas reacciones son de carácter universal, bastante independientes de la cultura, producen cambios en la experiencia afectiva, en la activación fisiológica y en la conducta expresiva” (Cano-Vindel y Miguel Tobal,2001)
Todos los seres humanos sentimos emociones, puesto que son parte de nuestro repertorio de herramientas para adaptarnos al ambiente, lo que las convierte en algo muy importante.
Para aprender a identificarlas con mayor facilidad, es importante saber que pueden expresarse de diversas formas y en cada persona predominan más unas u otras:
Cognitivamente: pensamientos.
Fisiológicamente: las sentimos en el cuerpo.
Motóricamente: mediante conductas manifiestas.
¿Por qué se han ignorado tanto tiempo?
A lo largo de la historia, las emociones han sido definidas y entendidas de diversas formas, siempre relegadas al plano de la debilidad y lo indeseable.
En la Época clásica las llamaban pasiones, asociadas a la irracionalidad.
Posteriormente fue dividido el concepto “alma” en 3 partes: concupiscente (deseos, apetitos), irascible (pasiones) y racional (debía dominar a las anteriores).
En el Renacimiento comienza el dualismo mente-cuerpo. Las emociones pasan a denominarse afectos. Bajo este dualismo cartesiano, las emociones están separadas del cuerpo y deben estar bajo el control racional.
La realidad es que las emociones son fundamentales para el razonamiento y la toma de decisiones, por lo que tal dicotomía no es fiel a la realidad. Además, como se ha comentado anteriormente, en absoluto pueden concebirse como algo separado del cuerpo, pues está más que demostrado que no sólo se manifiestan en él, sino que son parte de él.
Desde entonces, la revalorización del papel de las emociones se ha dado gracias a las aportaciones de filósofos, biólogos, fisiólogos, psicólogos o investigadores en general que, desde las distintas disciplinas científicas han ido conformando un entramado de teorías sobe las emociones que le han ido dando el estatus que merece como proceso adaptativo, destacando especialmente las aportaciones desde la psicología cognitiva.
No obstante, aun a día de hoy, cargamos con el bagaje histórico que nos insta a no tenerlas demasiado en cuenta, por lo que sigue predominando una tendencia general a reprimirlas, ignorarlas o gestionarlas inadecuadamente.
¿Por qué es importante atenderlas?
Las emociones son útiles y necesarias, sin ellas no podríamos sobrevivir, y sin embargo nadie nos enseña a entenderlas, identificarlas y utilizarlas adecuadamente, como parte de lo que somos.
Cuando no atendemos una emoción porque nos asusta o avergüenza, no la identificamos o no sabemos cómo gestionarla, la reprimimos. Es decir, anulamos su expresión. Sin embargo, paradójicamente, esta emoción sigue existiendo, y suele aumentar en intensidad y duración, en vez de desaparecer.
El cuerpo busca la forma de expresarla, en ocasiones mediante dolores, molestias, y síntomas físicos. Por eso no se puede separar el cuidado del cuerpo del cuidado emocional, ya que son una única cosa: el ser.
¿Cómo puedo comenzar a mejorar mi autocuidado emocional?
El primer paso para mejorar el autocuidado emocional es dedicar un tiempo al día a atender tus emociones.
¿Qué siento? ¿Dónde lo siento?
Esto implica atender emociones agradables y también desagradables, pero es un camino que merece la pena comenzar, un camino hacia el autoconocimiento y el bienestar.
“Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor.” (Frederick Dodson)
Identificar lo que sientes es el primer paso para empezar a manejar adecuadamente tus emociones. No como algo contra lo que luchar, sino entendiendo su mensaje y función y aceptándolo como propio. Puedes anotarlo en un cuaderno, descubrir cómo de amplio es tu abanico emocional.
Comienza a conocerte mejor, comienza a cuidarte al completo.