Estrés en Tiempos de Pandemia
¿Estás sufriendo un alto grado de estrés y no sabes cómo manejarlo? ¿La situación laboral, social, económica y sanitaria actual te sobrepasa? ¿La vuelta a la rutina te genera ansiedad? ¿Sientes que estás agotad@ y más cansad@ de lo habitual?
Probablemente estés estresad@ por la situación que estamos viviendo, derivada del virus COVID-19.
El confinamiento fue una etapa muy dura para muchos de nosotros, sin embargo, actualmente también estamos pasando por un proceso largo y difícil, intentando vivir con “normalidad” en una situación que no es “normal” del todo.
¿Te sientes identificad@? Continúa leyendo…
El estrés es un mecanismo que se pone en marcha cuando una persona percibe que las demandas del entorno exceden a sus recursos para afrontarlas. Es entonces cuando se pone en marcha una reacción de activación que trata de ayudarnos a buscar los recursos necesarios para aumentar el éxito en la situación.
Los estresores serían los estímulos, situaciones o condiciones que generan estrés, y que requieren ser modificados, reducidos o eliminados (virus, teletrabajo, conciliación familia-trabajo…).
¿Cuándo se vuelve un problema?
El estrés en sí no tiene por qué ser negativo ni patológico. Es una respuesta funcional que nos adapta al medio y nos motiva.
No obstante, cuando la situación de estrés se prolonga durante mucho tiempo, puede tener consecuencias negativas para la salud física y mental. Es aquí cuando la terapia psicológica juega un papel fundamental.
Estresores en tiempos de pandemia por COVID-19
Ante la situación que estamos viviendo a nivel mundial, y especialmente en España, debemos entender que cierto grado de estrés es normal y forma parte de la adaptación a dichas circunstancias.
Algunos de los estresores que pueden estar influyendo son los siguientes:
· Cotidianos: uso de mascarilla, higiene excesiva, distancia social, sobreinformación, teletrabajo…
· Emocionales y personales: ansiedad ante la posibilidad de contagio, falta de contacto físico, soledad, insatisfacción en las relaciones con los demás, duelos complicados (hospitalización, divorcios, pérdida del trabajo, de un ser querido…).
· Sociales: miedo y malestar generalizado, ambiente de crispación, incertidumbre en ámbitos de salud, laboral, social y económico.
Todos estos factores y muchos más pueden ser más o menos estresantes para cada persona, pero la necesidad de controlar de forma continuada y persistente nuestro comportamiento (“¿llevo la mascarilla?, ¿me he echado el gel? ¿me habré acercado demasiado?”…) genera un estado de alerta constante que nos dificulta mucho relajarnos, lo que pasa factura a nivel emocional.
Evolución del estrés
El estrés mantenido en el tiempo evoluciona a lo largo de una serie de fases que van apareciendo secuencialmente:
1. Reacción de alarma: aparece cuando nos exponemos a situaciones novedosas a las que no estamos adaptados. Hay una primera reacción de lucha o huida, y luego el organismo intenta alcanzar un equilibrio.
Por ejemplo, para algunas personas podría ser el inicio de la pandemia y las primeras reacciones de alarma y sorpresa.
2. Resistencia: cuando la reacción de alarma no ha sido suficiente para eliminar al estresor (virus), y la situación se prolonga en el tiempo.
En la actualidad, y aun tomando las medidas necesarias, se mantiene el estresor y la necesidad de estar alerta.
Es lógico que en esta fase surjan problemas de tipo emocional como ansiedad, depresión, ira, culpa, frustración, etc. Además, comienzan a aparecer síntomas de fatiga y cansancio, pues fruto de esta resistencia y de las emociones negativas asociadas, la energía dedicada a otras tareas mentales (estudios, trabajo…) se ve cada vez más reducida.
3. Agotamiento: incapacidad para mantener los niveles de activación anteriores. En esta última fase ya hablamos de fatiga crónica, y los problemas emocionales y físicos pueden agravarse.
Cada persona, según su afrontamiento y manejo de estrés, así como su situación personal y vital, se mantiene más o menos tiempo en cada fase, por lo que no se dan en unos tiempos específicos o concretos.
La pandemia aún no ha terminado, puesto que no hemos podido eliminar al estresor principal (virus). Y a muchos de nosotr@s se nos presentan ahora nuevos retos a los que debemos adaptarnos, como la vuelta al cole o al trabajo presencial.
Por eso, independientemente de la fase en la que creas que te encuentras, es importante aprender a manejar el nivel de estrés y mantenerse mentalmente san@, para poder afrontar estas situaciones novedosas de la mejor manera posible.
¿Qué puedo hacer para reducir el estrés?
Con el fin de reducir la fatiga y los problemas emocionales asociados, puedes intentar poner en marcha estrategias que te permitan mantener este estrés en niveles manejables y sanos.
A continuación se exponen algunas estrategias sencillas que pueden servirte de ayuda:
v Cuida tu cuerpo: haz 5 comidas al día, cuida lo que comes, duerme las horas necesarias y haz ejercicio. Es suficiente salir a andar 30 minutos diarios para notar los beneficios en el cuerpo y la mente.
v Dedica 10 minutos diarios a respirar profundamente. La respiración abdominal ayuda a oxigenar adecuadamente el cuerpo y el cerebro, y ayuda a reducir la activación del sistema nervioso.
v Establece una ocasión al día para ver las noticias. Evita la sobreinformación, es dañina y aumenta el estrés.
v Atiende tus emociones. Intenta prestar atención a lo que sientes, fíjate en tu cuerpo cuando tengas un rato para ti. Las emociones son muy importantes para nuestra salud, por lo que es positivo atenderlas e intentar entender la información que nos aportan. Anotarlo en una libreta puede ser de gran ayuda.
v Expresa tus emociones y apóyate en tus seres queridos.
No obstante, gestionar el estrés no es tarea fácil, pues requiere trabajo y constancia, y la situación actual nos impone muchos retos que afrontar.
Por ello, si quieres obtener cambios duraderos y desarrollar mejor tus estrategias de afrontamiento del estrés, pide ayuda y orientación psicológica. Los cambios serán muy positivos y se reflejarán en todos los ámbitos de tu vida.